Suave es la piel, remedios contra el paso del tiempo
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Cleopatra, Alma Tadema |
A lo largo de la historia el ser humano ha considerado esencial mantener un buen aspecto y según su posición social y sus posibilidades económicas ha dedicado tiempo y dinero a mejorar su imagen y conservarla joven y radiante el mayor tiempo posible. La idea no era solo mantener un cuerpo perfecto, sino también una piel sin manchas ni arrugas. Presentar una piel clara y resplandeciente era atractiva de ver e indicaba buena salud física y espiritual.
“Vuestro primer cuidado,
muchachas, debe ser el del carácter. Un rostro gusta cuando se le asocian
buenas cualidades anímicas. Es seguro el amor basado en el buen carácter; en
cambio, el paso del tiempo arruinará la belleza, y el rostro que antes gustaba
será surcado por las arrugas. Llegará un momento en que os contrariará veros en
el espejo, y esa aflicción acudirá como causa de nuevas arrugas. Las cualidades
morales son suficientes de por sí, duran toda la vida, por larga que sea, y de
ellas depende felizmente el amor a lo largo de los años.” (Ovidio, Cosméticos para el rostro femenino)
Según la filosofía
griega, la kosmétiké tekhné o el arte
del cuidado del cuerpo para conservar su propia belleza estimulaba el uso de
los remedios necesarios para proteger la piel de los efectos del tiempo y el
clima, recurriendo a mascarillas, cremas y ungüentos con un fin estético y
terapéutico.
“Los esclavos de todo son
transportados con la cara cubierta de ungüento, para que el sol y el frío no
puedan dañar su tierna piel; sería vergonzoso que entre todos los jovencitos de
tu cortejo no hubiese ninguno cuya frescura de cara no reclamara alguna
protección.” (Séneca, Epis. CXXIII)
Desde el Neolítico se ha recurrido a la combinación de
hierbas y plantas silvestres o cultivadas en el hogar con aceites para crear
los ungüentos que debían proteger la piel expuesta al sol y al paso del tiempo.
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Museo Corinium, Cirencester, Gran Bretaña |
En el antiguo Egipto el cuidado del cuerpo era, a menudo,
una necesidad para evitar las grietas y mantener la piel suave e hidratada en
el caluroso y árido clima del desierto que reseca la piel, lo que hacía
imprescindible la utilización de cremas y ungüentos que se aplicaba tras el
baño. Estos productos se realizaban con una base de aceite o grasa, a la que se
añadían sustancias fragantes como flores, resinas, bayas silvestres y maderas
aromáticas. La gente común utilizaba
aceites baratos y los ricos aceites perfumados.
Entre los primeros el aceite de ricino o de sésamo, con los que se
proveía a los trabajadores que construían Der-el-Medina. Los soldados traían
las semillas de sésamo al palacio desde donde se distribuían:
“A Ramose, el escriba. He llegado ante el encargado del
tesoro y le ha dicho a su secretario que estaba en el tesoro en Tebas: Da a
este hombre diez jarras de aceite de sésamo. Así dijo.”
La miel es un producto que se ha utilizado a lo largo de la
historia por su capacidad para nutrir la piel, protegerla y aportar los
nutrientes que le proporcionan elasticidad. Los cosméticos elaborados con miel
evitan que la sequedad del clima irrite o deshidrate la piel. El papiro Ebers
recomienda como exfoliante para la piel una mezcla de polvo de alabastro, sal
del Bajo Egipto, natrón y miel:
"Otro [remedio] para que la
carne superficial se vuelva perfecta: una parte de polvo de alabastro, una
parte de natrón, una parte de sal marina y una parte de miel. Mezclar y aplicar
frotando sobre la piel".
(Ebers, 714)
En el siglo I d.C. el emperador Augusto le preguntó al
senador Romulo Polión, que pasaba de los cien años, por el secreto de su
longevidad y éste le respondió: “Intus mel, foris olio” (miel por dentro y
aceite por fuera), es decir, que tomaba miel diariamente y se hidrataba la piel
con aceite para conservarse bien a pesar de su ancianidad.
El natrón rojo o natrón teñido con hierro, procedía de forma
casi inequívoca de yacimientos en el que ya se encontraba así, además de limpiar
la piel le confería un cierto matiz rosado. El uso de alabastro (variedad
translúcida y granular de yeso puro, generalmente blanco, mezcla de carbonato y
sulfato de calcio semi-hidratado) en las cremas limpiadoras sigue siendo
también de actualidad.
A modo de crema antiarrugas el Papiro de Ebers menciona una
mixtura de incienso, aceite de moringa, cera y brotes verdes de ciprés (Ebers,
716).
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Relieve del tocador de la reina Kwait |
En unas excavaciones
llevadas a cabo en las pirámides, se descubrió la tumba de la reina Mit-
Hotep donde se encontraron numerosas vasijas y completísimas cajas de
maquillajes y afeites, junto con tarros en los que aún perduraban ungüentos.
En la época tolemaica adquirió gran fama un ungüento
legendario fabricado en Mendes, que se
exportaba en grandes cantidades a Grecia y Asia Menor, del que tenemos referencias por Plinio y
Dioscórides, y era muy apreciado. Según Plinio, sus principales ingredientes
eran: aceite de balanos, resina, mirra, aceite de olivas verdes, cardamomo,
miel, gálbano y resina. Dioscórides describe una fórmula más simple a base de
aceite de balanos, mirra, casia y resinas. Se usaba como crema corporal, tras
el baño. Incluso los soldados en tiempos de guerra llevaban colgado del
cinturón un frasco de aceite perfumado para cuidarse el pelo y la piel del
rigor y sequedad del clima.
Los fenicios se encargaron de comerciar con los cosméticos
procedentes de Asia Menor y Egipto y los distribuyeron por todos los pueblos
del Mediterráneo.
En Chiusi, Etruria, se encontró una urna perteneciente a Thana Plecunia, una joven etrusca, en
la que se halló un cosmético en un ungüentario egipcio. En su composición se
mezcla resina de pino y mastic y
aceite de moringa, muy utilizado en Grecia y Egipto para hacer los cosméticos. Debido
al exótico origen del aceite y del recipiente, probablemente importados de Egipto, se supone que la propietaria debía proceder
de la alta aristocracia etrusca.
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Ungüento de Thana Plecunia, Chiusi, Italia |
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Balsamario etrusco, Museo Metropolitan, Nueva York |
Un buen ejemplo de
cómo preparar una crema de belleza nos la da Ovidio en su obra “Cosméticos para el rostro femenino):
"Aunque el incienso aplaca a los
dioses y a su divinidad enfurecida, no hay, sin embargo, que echarlo todo en
sus altares ardientes. Mezcla incienso con el nitro que alisa el cuerpo,
cuidando que el peso justo de cada uno sea un tercio de libra ; añádele un poco
menos de un cuarto de goma, sacada de la corteza de los árboles, y una
pizca de mirra grasa. Después de
machacarlo todo, críbalo por un tamiz fino; el polvo tiene que desleírse en
miel. Es eficaz también añadir hinojo a la mirra bien oliente (cinco escrúpulos de hinojo, nueve de mirra), y de rosa seca lo
que te quepa en una mano, e incienso macho con sal de Amón; mezcla con ello el
jugo que produce la cebada, y que el incienso con la sal iguale el peso de las rosas.
Aplicado en un rostro delicado, aunque sea por poco tiempo, ninguna rojez
quedará en toda la cara."
Menciona Plinio en su obra la leche de burra como
tratamiento para cuidar la piel y hace referencia a la emperatriz Popea, esposa
de Nerón:
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Popea, Museo Nacional Romano |
“La leche de burra se
piensa que es eficaz para blanquear la piel femenina: Popea, la esposa de
Nerón, solía tener siempre con ella quinientas burras con potro, y solía bañar
todo su cuerpo en su leche, pensando que también proporcionaba tersura a la
piel.” (H. N. XI, 96)
El baño en leche de burra era un tratamiento que
funcionaba como un exfoliante químico y era empleado por mujeres ricas. Son
famosos los baños que Cleopatra tomaba a diario en leche de burra o cabra que
de forma previa se dejaba agriar, lo que transformaba su contenido en lactosa y
la hacía rica en ácido láctico.
Juvenal cita un tratamiento antiarrugas, Masca Poppaea, conocido por ser usado por Popea, que
consistía en masa de pan con leche de burra (lacte asinae), y miel, que se aplicaba por la noche para prevenir la
formación de arrugas, suavizar y
blanquear la piel.
“Entre otras cosas, su
cara, horrible de ver y ridícula, está hinchada de tanto emplasto, o despide
los empalagosos olores de Popea, donde luego se pegan los labios del pobre
marido. A sus amantes acuden con el cutis bien lavado. ¿Cuándo hacen por parecer
guapas en casa? Para sus amantes
adquieren esencias, para ellos se compra cualquier cosa que acá, indios
enjutos, mandáis. Por fin descubre el rostro y quita el estucado de fuera,
empieza a ser reconocible y se embadurna con esa famosa leche que le haría
llevar consigo una cuadrilla de burras así la mandaran desterrada al hiperbóreo
polo. Pero la que resulta y se restaura con el cambio tantas cremas y que
recibe plastas de flor de harina recocida y húmeda, ¿habrá de llamarse cara o
más bien llaga? (Juvenal, Sat. VI)
A Galeno se le
atribuye la receta de una crema de belleza (ceratum)
a base de cera de abejas, aceite de oliva y agua de rosas, eficaz para limpiar,
refrigerar y suavizar la piel del rostro.
Marcial cita el lomentum,
a base de crema de habas, para ocultar las arrugas:
“Tratando de disimular
las arrugas de tu barriga con crema de habas (lomentum) Pola, lo que estás
untando es tu vientre, no mis labios. ¡Qué se vea francamente este defecto
quizás pequeño?” (Marcial, Epigramas, III, 42)
Maquillarse y cuidar la piel requería tiempo y
dedicación. Había que acostumbrarse a
manipular productos a veces un tanto repulsivos; por ejemplo, para elaborar las
mascarillas faciales se utilizaban como ingredientes excrementos, placentas,
médulas, bilis y hasta orines, lo que obligaba a perfumarlas intensamente,
añadiendo hierbas y sustancias olorosas. No es extraño que el poeta Ovidio
recomendara a las mujeres aplicarse los cosméticos a solas, sin que las vieran
sus amantes:
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Pintura de tocador, John William Godward |
«¿A quién no apesta la grasa (lanolina) que nos envían de
Atenas extraída de los vellones sucios de la oveja? Repruebo que en presencia
de testigos uséis la médula del ciervo u os restreguéis los dientes: estas
operaciones aumentan la belleza, pero son desagradables a la vista [...] ¿Por
qué he de saber cuál es la causa de la blancura de vuestro rostro?».
Normalmente, se empleaban para dar consistencia a las cremas
aceites vegetales como el de lino, sésamo, balanos, moringa, oliva y almendras.
El aceite de almendras (amygdalinum) era un suavizador de la piel en el Imperio
Romano. Mezclado con miel quitaba manchas, o mejoraba el tono y el color de la
piel.
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Prunus dulcis, Almendra |
Se hacían también cremas antiarrugas con grasa de animal. La de
cisne era de las mejores, pero podían ser de grasa de oso, de pato y león. Según Plinio, la grasa de león mezclada
con aceite de rosas conservaba la blancura de la piel y mantenía el rostro sin
manchas. La cantidad ingente de animales salvajes sacrificados
en el anfiteatro proporcionaba el
exótico origen de estas grasas.
Como exfoliantes se utilizaban tierras, como el caolín, la
tierra de la ciudad griega de Chios, que se aplicaba a todo el cuerpo.
Metrodora fue una mujer de origen griego que escribió un
tratado sobre ginecología y sugirió algunos remedios para cuidar la cara y el
cuerpo. Para eliminar las arrugas recomendó una receta que incluía tierras:
“Coge tierra de Cimolia, tierra
de Chios, raíz de iris, raíz de saponaria, raíz seca de aro, raíz de ciclamen.
Cortar, tamizar y conservar. Para utilizar, tomar la cantidad necesaria y
untarlo con vino oloroso y cuando se seque, lavar con agua y secar con un paño
limpio”.
La receta es simple y puede ser eficaz porque
se basa en el efecto astringente de las tierras arcillosas de las islas de Egeo
y del efecto emoliente del iris y el aro, además del efecto tonificante del
ciclamen y saponaria. También indicó que
para obtener una cara radiante se podía aplicar almidón, alverja, harina blanca
muy fina, todo mezclado con clara de
huevo.
Desde muy antiguo se utilizaron las tierras y aguas con alto
contenido en minerales para elaborar cosméticos, como las del Mar Muerto, aún
hoy empleadas en cremas faciales.
El post es muy informativo y explica muy bien los métodos que se usaban y se siguen usando para retrasar el paso del tiempo. Un método muy novedoso es la depilacion definitiva precios son muy buenos y los resultados son excelentes. Espero que sea una tendencia que se use por muchos años más. Saludos
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